Las tumbas de Saint-Denis

Abril 9, 2009

Alicia Rosales: “Preparando la vuelta…”

Archivado en: Alicia Rosales — max @ 4:05 pm
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Eres una isla soñada
En el centro del océano
Donde las olas militan
En tu andar de hombre honesto.

Yo te encontré en otro mar
Pez rotundo respirando sin agua
Y te llevé en mis sueños
De espuma desbocada.

Me has dado el rumbo
De tu existencia entregada
Las velas hinchadas
Al abrazo del tiempo
Y en tu amor de deseo salado
He aprendido que el mar
Es más que un sueño.

Septiembre 19, 2008

Alicia Rosales: “Estaba arrojada al combate de tus ojos…”

Archivado en: Alicia Rosales — max @ 4:21 pm
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Estaba arrojada al combate de tus ojos, en la fecundidad de una tierra de esperanza. Asomada a tu frente poseía la certeza del futuro sin tregua, aquel que tus pasos anhelaban construir en el abismo de la vida. Levantó la mirada de la página y recordó imágenes vividas tiempo atrás cuando todavía florecía la adolescencia a la salida de aulas y conciertos, en la ilusión clandestina. Nada parecido había vuelto a ocurrirle desde que te descubrió jugando a mecer las olas en una lágrima sin límites. En el espacio que debía hacer suyo reconoció tus palabras desvistiéndola de inocencia. Un amor furtivo doblaba ahora la esquina del recuerdo y le asaltaba el grito de tu boca. Entonces pensó que no eran necesarias más palabras de rendición porque ya se había entregado sin condiciones al viento de tu noche.

Amanecía al otro lado del silencio y el alba esquivaba las rejas para inundar su pequeño secreto. Oía la vida en la frontera de su cuerpo y supo, un día más, que debía perderse en el olvido. Y, sin embargo, amar la vida por encima de todo fue el último pensamiento en cruzar su frente antes de sentir la violencia sobre su piel. La página era una interrogación insistente y recordó el gesto de tu discurso cuando iniciabas el trayecto hacia la afirmación radical de tu historia. En tus ojos brillaba la consigna nunca herida y pintabas claveles rojos sobre las paredes de la estación.

Madrid, junio de 1989.

Mayo 20, 2008

Alicia Rosales: “A María Toledano”

Archivado en: Alicia Rosales — max @ 3:39 pm
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Desde la intimidad sin fronteras te imagino ante el mar y veo en el último destello de tu mirada el constante salto por lo absoluto. Las olas te acariciarán como mis dedos anhelan tu presencia física para rescatar del vacío la caricia total. En esta noche desnuda de estrellas recibo de tus labios ausentes secretos milenarios, susurrados por el viento que el mar arroja empapando tu total presencia ante él.

Y aquí se instala la voluntad de verte. El perfil de tu ausencia convierte la existencia en incompleta mientras tu recuerdo construye equilibrios para la esperanza.

Desde la distancia habitas el ser de mi construcción.

Adivino que somos dos gritos inseparables acariciando la madrugada, dos suspiros anhelando la verdad de vivir cuando la afirmación del único combate se hace irreversible.

Y busco en este conjuro total la magia del ser.

Eres volcán que entre sueños me despereza la añoranza regalándome caricias de siglos, eternos amaneceres en compás de lucha abiertos a nuestra esencial voluntad. En su esencia única y radical, la libertad es la realidad tangible de un eco ancestral y la voluntad de amar se traduce en este grito de querer nombrarte, de tomarte encarnado en el principio y final de todo lo atemporal.

En mi conciencia leo tu nombre y tu figura absoluta se recorta en mi gesto habitual anulando la posibilidad de desnudarme de tu recuerdo, arropándome inevitablemente con tu futuro.

Navegando por lo cotidiano no existe el olvido de lo absoluto y radical que me une a ti y quizá la respuesta más cercana a la interrogación que nos envuelve sea aquella de que la conciencia de sí sólo logra su satisfacción en otra conciencia de sí.

Cincinnati 1987.

Marzo 17, 2008

Alicia Rosales: “Te rescato”

Archivado en: Alicia Rosales — max @ 4:12 pm
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Te rescato desde un insensato silencio y pronuncio con esperanza las sílabas de la amistad. Estos últimos meses hubo demasiado trabajo y poco tiempo para la ensoñación, pero ahora desde este presente más mío, mi recuerdo te busca queriéndote acercar en las palabras a la magia del reencuentro. En la ignorancia de tus actuales ilusiones y desvelos adivino, porque quiero, que estás combatiendo en las trincheras de la felicidad, La vida no es más que un campo de minas donde vamos sembrando pedazos de nuestra existencia que florecen o explotan y nos hieren mortalmente. Me vienen a la memoria del corazón tantos momentos en los que recogimos las flores de la pasión inocente, esa belleza incomprensible de tantas noches todos juntos en los que salíamos a pintar graffities en el rostro de la madrugada. Me niego a olvidar, a que el miedo y la cárcel del futuro destruyan las páginas de aquel tiempo en el que supe que tenía una capacidad infinita de amar. Por eso te facturo estas palabras, para que sepas que no existe el olvido, que en mi baile renacen esbozos de tu sonrisa, de vuestros gestos solidarios, de tu arte, de nuestra alegría…
Aquí en Madrid la primavera ya presentó su tarjeta de visita aunque el viento aún juega a levantarnos las faldas. En el asfalto recogemos con esmero cada gramo de felicidad y soñamos que cada metro es un silbido hacia el cielo.

Si volviera a verte te llevaría a las calles a repartir octavillas cargadas de poemas.

Octubre 27, 2007

Alicia Rosales: “For you”, “Yo no quiero más llave”, “Busco un gesto en tu mirada”, “Perdido en el granero”, Breve carta nocturna al amigo ausente” y “Que no me puedes querer”

Archivado en: Alicia Rosales — max @ 1:31 pm
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“For you”

Me gustaría ser Maga
para borrar tu tiempo
y mi distancia
y fabricar un mundo
en el que la felicidad
sea el despertar de cada día
y no un sueño.

“Yo no quiero más llave”

Yo no quiero más llave

que la que me da

el paraíso de tus ojos,

la cancela oculta de tu voluntad de hombre

abriéndome a la vida.

No quiero más cielo tampoco

que el de encontrar cada noche

tu beso absoluto con el mío,

la húmeda caricia

omo pasaporte para el futuro.

En definitiva sólo quiero

encontrar en tus brazos

la certeza de una ilusión eterna.

“Busco un gesto en tu mirada”

Busco un gesto en tu mirada
Y en tus ojos se me enreda la vida
Creí haber encontrado ese milagro
De nacerme cada día en tu deseo
Descansar el vacío en tus manos de hombre
Y decirte una palabra eterna
En este sueño de invierno largo
En el que tiene que existir un lugar
Para el amor que te debo.

“Perdido en el granero”

Hoy está lloviendo y los ojos nerudianos que me miran parecen dos palomas oceánicas. El día, viudo de luz, invita al recogimiento y, entre libro y libro, el café y las tostadas marcan el ritmo cotidiano de este fragmento de existencia. Entre la sonrisa y el gesto melancólico, espejo de un mundo mojado, busco palabras que sirvan de paraguas a la incertidumbre del tiempo y la distancia.
Me levanto de la ausencia y busco lo entrañable al calor de mi príncipe indio que ahora duerme, ofreciendo a la vida y a los sueños la belleza de su frente oscura. Color querido de las aceitunas, olor de arcilla que resiste a la forma, libertad forjada en el norte y sur de su cuerpo, desnudo a la indolencia.
Llueve hacia fuera y el rocío manso se despereza en nuestra casa, protegido por el regazo en el que acunamos la ilusión. Llueve y podría llorar, pero no quiero. Podría pensar en la muerte galopando sobre tumbas que esperan la esperanza, podría acordarme del rapto de tantas sonrisas asesinadas, pero no quiero. No, hoy no quiero pensar. Sólo deseo oír la dulce cadencia de las caricias detenidas sobre el rostro presente del que yace a mi lado. Sentir el rudo golpe en la harina del hombre que hace pan y pactar un encuentro con los pájaros en este amanecer del color de la ceniza. Cautivos del embrujo de la vida, los silencios escriben telegramas de amor en las paredes. Toca la torre el cielo y también las seis de la mañana. El alba peina los flecos de la noche y se retiran las estrellas a la trastienda de la madrugada. Llueve sobre el viento. Juegan los suspiros a las damas en el claroscuro de los despertares y las sombras cantan himnos en los patios gatunos donde la solidaridad cuelga olvidada. Sí iré a recogerla para cubrir las tristezas de esperanza.
Hoy no quiero más que revolcarme en esta intensidad que me abraza y regalaros, si pudiera, la luna envuelta en mi beso.

“Breve carta nocturna al amigo ausente”

Antes de ir a dormir, antes de que mi cuerpo busque un escondite para cobijarse del frío en las horas oscuras, antes de que mis piernas se alarguen tanto tanto que crucen el mar para tocar en tu puerta y tú les des la bienvenida como a unos amigos que esperas con ilusión, antes de que la luna me cierre los ojos y el sueño sea mi canción de cuna, te quiero hablar. Hablarte de lo mucho que te extraño, de lo mucho que te quiero, de tantos besos que me debes, de que me sabe dulce tu recuerdo. Decirte que el día ha sido bueno, algo mejor que ayer, que hoy en la mañana el café me salió rico y las tostadas casi también y que el rostro del espejo dijo que me veía guapa y afuera había dejado de llover…..

Hoy en la oficina pensé en todo y en nada, en ti a ratos, en mí apenas, en Diego que descubre a las niñas, en Celia que quiere aprender a volar, en ese coche rojo que frena en la calle, en ellos, en nosotros, en todos, en nadie en particular.

Y así el día serpenteando de hora en hora salta, se acaba, se va.

Yo también iré apagando las estrellas una a una, soplando beso a beso, buscando el mar….

Buenas noches. Duerme.

Bien.

“Que no me puedes querer”

Que no me puedes querer ya lo sé,

pero ámame, llévame siempre muy dentro de ti

y, después, olvídame.

Apártame, si es necesario, de tu respirar cotidiano

y ven a mí sólo cuando

te acuerdes de que me amas.

Ven a decírmelo,

aunque sea sin palabras.

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