Las tumbas de Saint-Denis

Marzo 9, 2009

Manuel de la Fuente: “En brazos de Manitú, con el viento susurrándole al oído”

Archivado en: Manuel de la Fuente — max @ 5:01 pm
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Mangas Coloradas y su yerno Cochise, bravos entre los bravos, ya descansaban desde hacía tiempo en los cálidos y sagrados brazos de Manitú. El hacha de guerra quedaba ahora, desenterrada de nuevo, pidiendo sangre y cabelleras, en manos de Gerónimo, el fuego se encendía en su honor, los guerreros le tenían por guía y el más valiente de los valientes, los coyotes le huían y los casacas azules le temían. El orgullo chiricahua dependía de él, y también mantener la llama de la tradición, no olvidar a los que ya se habían ido. Cuando un apache moría, los bravos cerraban sus ojos y le engalanaban, le vestían con las mejores pieles y estampaban sobre su rostro las viejas pinturas de guerra. Luego, entre cantos, acompañados de su caballo favorito, iban a las montañas sagradas y, allí, para la eternidad, aunque la palabra adiós no existe en el idioma piel roja, su cuerpo era enterrado en una cueva, bajo piedras, como así había sido siempre, desde antes que los rostros pálidos y el caballo de hierro aparecieran. Sus posesiones, no demasiadas en un guerrero, eran repartidas entre su gente. Y allí quedaba hasta el fin de los siglos, entre los pinos, mientras el viento le susurraba un réquiem al oído. Que Manitú sea loado.

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