Las tumbas de Saint-Denis

Febrero 28, 2008

Pablo Milanes: “El breve espacio en que no estás”

Archivado en: Pablo Milanés — max @ 7:43 pm
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Todavía quedan restos de humedad,
sus olores llenan ya mi soledad,
en la cama su silueta se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio en que no está.

Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe al día siguiente lo que hará.
Rompe todos mis esquemas,
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio de lo que dá.

Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.

No comparte una reunión,
mas le gusta la canción que comprometa su pensar.
Todavía no pregunté “¿te quedarás?”.
Temo mucho a la respuesta de un “jamás”.
La prefiero compartida antes que vaciar mi vida,
no es perfecta mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé…

Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.

No comparte una reunión,
mas le gusta la canción que comprometa su pensar.
Todavía no pregunté “¿te quedarás?”.
Temo mucho a la respuesta de un “jamás”.
La prefiero compartida antes que vaciar mi vida,
no es perfecta mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé…

Febrero 12, 2008

Carol Dunlop & Julio Cortázar: “Los autonautas de la cosmopista” (Fragmento)

Archivado en: Julio Cortázar — max @ 6:09 pm
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De cómo escribimos una carta que no por insólita dejaba de merecer respuesta, cosa que no aconteció, y de cómo en vista de ello los expedicionarios decidieron ignorar tan incalificable conducta y llevar a buen término lo que en ella se explicaba de la manera más galana y detallada.

París, 9 de mayo de 1982.
Señor Director de la Sociedad de las Autopistas,
41 bis, Avenue Bosquet,
75007 PARIS
Señor Director:
Hace algún tiempo, su Sociedad me pidió autorización para publicar en una de sus revistas, algunos pasajes de mi cuento titulado La autopista del sur.
Por supuesto otorgué con viva satisfacción dicho permiso. Me dirijo ahora a usted para solicitarle a mi vez una autorización de naturaleza muy diferente. Junto con mi esposa Carol Dunlop, igualmente escritora, estudiamos la posibilidad de una «expedición» un tanto alocada y bastante surrealista, que consistiría en recorrer la autopista entre París y Marsella a bordo de nuestro Volkswagen Combi, equipado con todo lo necesario, deteniéndonos en los 65 paraderos de la autopista a razón de dos por día, es decir empleando algo más de un mes para cumplir el trayecto París-Marsella sin salir jamás de la autopista. Aparte de la pequeña aventura que esto representa, tenemos la intención de escribir paralelamente al viaje un libro que contaría en forma literaria, poética y humorística las etapas, acontecimientos y experiencias diversas que sin duda nos ofrecerá tan extraña expedición. Dicho libro se llamará quizá París-Marsella en pequeñas etapas, y está claro que la autopista será su protagonista principal.

Febrero 7, 2008

Pedro A. Martín: “Boxeo”

Archivado en: Pedro A. Martín — max @ 1:57 pm
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Los reflejos del agua caída y la única farola de la esquina dejaban ver un poco la calle. Vivo aquí desde que nací y nunca me acostumbré a tanta miseria. Siempre acabo en el mismo lugar. Este barrio de negros es solo para negros. Para negros pobres, que los negros ricos están en la NBA. Negros de hambre y de gospel que alimenta su espíritu. “Aguanta, hermano” nos dicen, pero el pescado rara vez no está podrido. Y cuando no te pegan un tiro eres viejo a los treinta años, desnutrido y sin dientes para masticar la poca comida que encuentras en la basura. Y encima sonado para el resto de tus días. De negro.

Los blancos pagaban por vernos las cejas y las narices rotas y sangrantes. Los tiburones de las apuestas, también blancos, nos vendían los brillos del dinero y de los coños blancos que solo se abren para introducirse nuestros billetes de a cien. Cuando los tienes. Se cierran y se van. “Vuelve a ganar y llámame” o sea, “sangra de nuevo y tráeme tu dinero de negro”.

Así empezó todo cuando aquel blanco me vio pegándome de puñetazos con otro negro menos fuerte que yo. “Tu vales para boxear” dijo, y ya estaba en aquel sucio gimnasio. El tipo, el “entrenador”, no me enseñó a mover los pies como había visto a Clay o a Foreman. No. Me enseñó a romper las caras hasta dejar salir la sangre a borbotones del que me ponían delante. A machacarle los riñones y el alma, si podía, a cualquier infeliz como yo.

Gané algo de dinero que enseguida gasté en putas caras o baratas. En Velmas con el pelo teñido de oro. En alcohol y cocaína, en algún hostal pestilente de la 47 con la 118. Y aquel 12 de Junio, en Las Vegas, me dejaron sonado. Vi la lona en el tercero y mi cerebro ya no fue cerebro. Noté como se encogía cuando me golpeó, y cómo ya no recuperó el mismo sitio. Aquel tipo, también negro, era una mula pegando. Me metió la izquierda varias veces al hígado mientras alguna derecha me trabajaba la ceja opuesta. El último me lo dio en la boca y me tumbó. Ya no fui el mismo. Perdí el conocimiento y en la lejanía oí como contaban hasta diez.

No volví a mover la parte derecha de la cara y me quedé con lo que veía por este otro ojo que aún se mantiene abierto con la esperanza, algún día, de ver mas allá de este callejón lleno de muertos que no saben que lo están.

“Todo en el boxeo está al revés” me dijeron. Tarde lo comprendí. “Sangra, puto negro, pagamos por tu sangre”. Por toda.

Febrero 4, 2008

Eduardo Laorden: “Las balas con raza no matan”

Archivado en: Eduardo Laorden — max @ 8:14 pm
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Levantarse lentamente del rincón mortecino del sempiterno bar, salir a la oscuridad festejada de farolas y desandar el camino hacia CASA. Accionar el interruptor de la radio mientras se calienta el aceite de la sartén… “…realmente el equipo tiene mucha juventud, pero creo que podremos suplirla porque los chicos tienen raza. RAZA. (Declaración de Clemente, señor entrenador del Atle, perdón, Athletic Club de Bilbao, en una emisora cualquiera de un día idem.)
Y pensar que quizás, el aceite de la sartén no es para freír un huevo, sino mas bien para dejar tostadita a una partida de judíos recién llegados de Mathausen. O bien que hemos volado en el tiempo y nos encontramos en el Berlín de principios de los 30, escuchando una proclama sobre la raza del equipo olímpico alemán. O en verdad es Madre 1981. Error. Y yo sin la denominación de origen en el carné de racimad.
Patria, Raza, NACI-ón: siempre los mismos términos en distintas bocas. Policía con gente de la casa (como los puestos de trabajo, como las cárceles, como los manicomios…). La bomba de neutrones con neutrones de raza, dejan intacto a todos lo que presenten su carné de racimad; las balas de goma y los botes de humo que sean de cosechas de la terruña, porque ya se sabe que los made in japan pueden estar contaminados.
Y la española (o la vasca, o la catalana, o la toledana, o la aria,…) cuando besa es que besa de verdad. Y España es una unidad de razas con destino en la NAZI-onalidad. Y, y, y,… Claro que los locos, depravados, chorizos, vagos y maleantes, maricones, putas, drogadictos y demás gente de mal vivir no podrán nunca pertenecer a ninguna raza pura: francamente están contaminados con sangre extranjera.
Todavía (y no se sabe bien como) quedan bichos raros que piensan que la policía es la policía, la cárcel es la cárcel, el manicomio es el manicomio, con gente de raza o sin ella. Todavía queda personal callejero sin distintivo de sanidad comiendo en los botes de basura y viviendo en las esquinas despobladas de pureza.
Pero ante el fulgurante ataque que está realizando el equipo de las momias patrióticas con raza, lo mas que hacemos es achicar balones y seguir charlando en el rincón mortecino del sempiterno bar con una jarra de cerveza apátrida entre los labios.
Nota: Rogamos a Clemente que cuando su equipo marque un gol salga al centro del terreno a saludar RAZA EN ALTO.
(Publicado en el Nº 1 del fanzine “Te echo de menos” de 1981)

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