Te veo sentada frente al horizonte
un cárdeno perfil de cicatrices,
el encinar herido por heridas,
el tomillo que embriaga los sentidos
y una flauta que suena interminable.
No volverá, no volverá, lo dice
la lágrima que cae de tu ojo, el dolor
musical, luminoso de tus huesos.
Se deshará tu brava cabellera;
se pudrirán tus manos
y el recuerdo amoroso que contienen,
mas la lágrima de la tarde,
eterna durará para negaros,
para negaros.
Mayo 17, 2007
Antonio Colinas: “La tarde es una lágrima”
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Querido Miguel:
Después de salir de tu Blog “www.ocurreadiario.blodspot.com” en el que aparece el poema de Quevedo titulado “Amor constante más allá de la muerte”, he leído este poema de Antonio Colinas y me ha parecido reiterar -aquí- lo que ya dije en tu blog:
Ahora que la noche salmantina va dejando a nuestra locura parte de sus otros instantes llenos de descanso porque llegó el verano como una avalancha de alegría y me despedí de mis más entrañables amigos porque la llamada de tierra es más fuerte que los hombres, me detengo otra vez en esta página tuya que recoge uno de los poemas más preciosos de la lírica quevediana. Me detengo porque la tarde ya no es un libro a medio abrir y te leo y releyéndote, leo a otras plumas que transitan en tu blog, bajo la hermosa elección de ese gusto que por cierto comparto.
Basta leerlo, a ese maestro de la naturaleza para pensar en Ronsard, en Lamartine, en Góngora -aunque mis palabras alberguen matizaciones- y sobre todo, como verás, a un clásico de siglo XXI como es el poeta Antonio Colinas, que tú sabes objeto de mi búsqueda diaria. Basta entrar en tu Blog, amigo poeta, para redescubrir lo que estuvo más allá de lo que es, bajo los auspicios de aquella “ansiety of influence” de la que hablaba Bloom, imposibilidad de vivir fuera de lo vivido, de transitar espacios que sean vírgenes, de habitar tiempos jamás conocidos.
La bíblica imagen del polvo, la congoja de la tarde, la anticipada experiencia de lo porvenir, el epicurismo enmascarado, el carpe diem cuestionado, la muerte más allá de la muerte, la vida más allá de ella, todo recrea un ambiente idóneo para la reflexión poética, un ambiente que apunta al encuentro, al amor plural. Yo cierro los ojos y pienso en un correlato: “Noche más allá de la noche” o en “La tarde es una lágrima” de Antonio Colinas que puede, en una cierta medida, remitir al mundo poético de Miguel de Unamuno:
<>
. Cierro los ojos y pienso en “Noche” o en “La tarde” colinianas, donde el misticismo rebosa los límites del alma humana. Abro los ojos y descubro, más allá de quevedo, ese breve poema cuyo final traduce aquello que define el alfa y el omega de nuestra vida: el polvo en su sentido de “nada plena”.
comentario por Guy merlin Nana Tadoun — Julio 26, 2007 @ 8:41 pm |